sábado, 31 de diciembre de 2011

Superhéroes

Desde pequeño mi vida ha estado llena de superhéroes de cómics y guerreros nipones de otras galaxias. Al igual que en un juego de rol eliges de bando al comienzo de la partida, en algún momento de mi infancia me decanté por el bando de los anti-héroes. Era de los que hubiera sido feliz siendo el becario de Darth Vader o el personal shopper del príncipe Vegetta. Con tal organigrama intergaláctico en mi cabeza, no era de esperar que hoy en día al abrir mi armario el único color distinto al negro visible sea el de las puertas blancas.

Pero la vida te va dando pequeños zarpazos, al igual que un gatito se levanta juguetón una mañana de primavera y juega con su ovillo de lana favorito. Ya no quiero ser ese becario de anti-héroe, me siento con fuerzas para ser yo mismo uno de ellos. No obstante, ni quiero tener la habilidad de regenerarme, ni la de volar, ni la de ponerme más verde que un pepino y aplastar todo a mi paso. No quiero salvar al mundo, ni siquiera a las personas que me rodean. Yo sólo quiero salvarme a mí mismo; no del doctor Muerte, ni de algún otro villano estelar. Quiero vencer a la monotonía, a ese suspiro monocromo que se acerca sigilosamente y te hipnotiza al igual que el "Para Elisa" que suena en los hilos musicales de muchas empresas mientras te mantienes paciente a la espera.

No sé qué poder elegiríais, pero yo cada día lo tengo más claro; yo quiero poder soñar.

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