domingo, 25 de diciembre de 2011

Sin rumbo

Es curioso como me he adaptado a prácticamente todo desde que llegue a Madrid. A su temperatura, su transporte público, su mal gusto al elegir equipo de fútbol. Y sin embargo, hay algo a lo que me resisto: a caminar a su ritmo. Pero me resisto inconscientemente, sin hacer fuerza. No es que tenga nada en contra de su velocidad de desplazamiento, algo precipitada para mi gusto eso sí, pero es que no tengo motivos para cambiar mis coordenadas x,y,z con tal rapidez. ¿Por qué? Porque nunca tengo un destino marcado, cómo pretendes que tenga prisa por llegar a un sitio, que ni siquiera sé donde está. Pero esa no es la cuestión, la cuestión es: ¿sabe realmente toda esa gente adónde quiere llegar? Y si lo saben, ¿de dónde sacan las fuerzas para seguir caminando sabiendo qué hay al final del camino?

No hay comentarios:

Publicar un comentario