sábado, 31 de diciembre de 2011

Juegos Prohibidos

Existen diversiones no aptas para todos los públicos. Más allá de las limitaciones impuestas por nuestro caparazón físico, hay juegos vetados a los humanos.

A modo de ejemplo, os contaré como pasé la tarde de ayer, empezando por cómo no la pasé. No hubo caricias ni te quieros. Tampoco pensamientos sinceros. No recuerdo haber saludado, tampoco haberme despedido. Sé que de los dos caminos posibles, elegí el tercero. Allí estabas, señalando el jardín. Juguemos dijiste, juguemos sin fin. Me pareció extraño que me pidieras quedarme en una esquina, y marcharas tú a la otra. Te busqué por todo el jardín, mas no te encontré por ningún rincón. Tuve que ayudarme de tu agria risa para encontrarte. ¿Qué haces en la copa de ese arbol alzada? ¡Eso no vale! Sí vale, dijiste. Aquí vale todo lo que nada vale. En las ramas de los árboles corrías, mientras yo intentaba seguirte torpemente. Nunca sabré si caíste a la fuente consciente, o fue otra de esas mágicas coincidencias que tanto se repiten últimamente. El caso es que como por arte de magia te desvaneciste, tuve que adentrarme en su seno para a mi lado volver a no-sentirte. No tuve tiempo a preguntar dónde estábamos, ya te habías adelantado y tus labios bloqueaban los míos. Tampoco sabré si era de mí, o de los primeros rayos de sol de quien huiste, de cualquier manera tu característica acidez siguió comiéndome los labios hasta derretirme.

Siendo sincero, no estoy del todo seguro que ésto me ocurriera realmente. Lo único que sé con certeza, es que desde entonces vagaré en sueños a uno y otro lado de la fuente, esperando volver a comerte.

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