Fueron tus ojos los que sugirieron la existencia de este portal hacia otro multiverso relativista. La modulación del color del iris con cada estado de tu alma, el pestañeo espontáneo tras cada sonrisa. Tus labios terminaron de guiarme hasta el pomo cuántico del portal. Y lo traspasé, sin asustarme al oírlo implosionar tras mi paso. Allí estabas, dejando un caminito de plasma poético para guiarme hacia tus brazos. Susurrabas promesas de supernovas emocionales entre acordes de un arpa cósmica que acariciabas sin dejar escapar al más travieso de los armónicos. Me enredabas entre tus teorías de cuerdas, torturándome con cosquillas en infinitas dimensiones. Cuando caía agotado en tu pecho, me ofrecías algodón de materia oscura, combustible del sol que iba creciendo en mi interior, decías. Te reías del espacio, te burlabas del tiempo, bailabas entre anillos planetarios en tu cosmos particular, inaccesible. Cuantos intentaron unificar las cuatro fuerzas universales sin añadirte a la ecuación. Indeterminación matemática más allá de Orión, álgebra booleana dando saltos sobre nuestro destino sideral. ¿Dónde acabas tú, cuando empiezo yo?
No olvides que incluso un gigante carmesí, puede acabar convertido en desolado agujero negro. Imagina qué sería de mí en este nuevo universo sin ti. Deja a la física seguir jugando con nuestra nueva realidad. Sonríe del revés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario