Necesité noventa y cinco noches en el yermo,
Volver a ver Flipped,
y comer tarta de manzana canaria,
con olor a café molido.
4.857 km de distancia,
releer toda nuestra correspondencia,
pasear sin rumbo,
moverme despacito.
Subir a una moto,
y esperar en marcha bajo tu ventana,
oír una bachata,
y no atreverme a bailarla.
Para saberme injusto,
sentir que jamás te di el cariño que merecías,
que a cada instante tú me dabas,
te fallé,
y marché sin cumplir ninguna de mis promesas,
te mentí,
nunca llegué a comprenderte,
a reconocer lo que me querías,
a respetarte, a valorarte.
Nunca supe amarte.
Nunca supe amarte.
Tardé.
Tarde.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar