El sonido de la puerta le sobresaltó y al intentar reaccionar para no caerse, tiró el vaso de cristal que tenía en la mesilla de al lado, rompiéndose este y derramando la leche con cacao por el suelo de madera de la habitación.
Se había quedado dormido, una noche más, mirando los descampados que tenía frente a su casa, y a los vecinos pasear de mala gana a sus perros a última hora del día. Siempre desde la seguridad que le proporcionaba tener la luz apagada y no ser visto desde afuera.
¿Pero qué había sido ese ruido? Una corriente de aire quizás, si no viviera solo en aquella casa habría pensado que alguien intentaba entrar a su habitación.
Se desperezó, estirando los brazos y levantando los pies descalzos de la alfombra que ponía en los pies del sofá de una pieza que enfrentaba al amplio ventanal que daba al exterior. Hizo ademán de levantarse con el propósito de recoger los cristales rotos del suelo, y limpiar el líquido derramado, cuando volvió a suceder. Aquella misteriosa luz, en el séptimo piso del bloque de viviendas abandonado que se encontraba al otro lado del descampado, se había vuelto a encender. Giró la cabeza violentamente hacia el reloj-alarma, y los números rojos parpadeantes hicieron que un sudor frío le recorriera la frente. Las tres de la madrugada; 03:00 a.m.
Se incorporó, sin preocuparse de los cristales en el suelo y pegó la cara a la ventana, sabiéndose oculto en la oscuridad. La luz se encendía solo en la habitación más próxima a la cara oeste del edificio, era una luz tenue, incandescente, de lámpara antigua, amarillenta. Quedó inmóvil en esa posición los diez minutos que sabía iba a permanecer la luz encendida, y transcurrido ese tiempo, con el mismo parpadeo eléctrico de todas las noches, la luz se apagó.
(Continuará)
Se había quedado dormido, una noche más, mirando los descampados que tenía frente a su casa, y a los vecinos pasear de mala gana a sus perros a última hora del día. Siempre desde la seguridad que le proporcionaba tener la luz apagada y no ser visto desde afuera.
¿Pero qué había sido ese ruido? Una corriente de aire quizás, si no viviera solo en aquella casa habría pensado que alguien intentaba entrar a su habitación.
Se desperezó, estirando los brazos y levantando los pies descalzos de la alfombra que ponía en los pies del sofá de una pieza que enfrentaba al amplio ventanal que daba al exterior. Hizo ademán de levantarse con el propósito de recoger los cristales rotos del suelo, y limpiar el líquido derramado, cuando volvió a suceder. Aquella misteriosa luz, en el séptimo piso del bloque de viviendas abandonado que se encontraba al otro lado del descampado, se había vuelto a encender. Giró la cabeza violentamente hacia el reloj-alarma, y los números rojos parpadeantes hicieron que un sudor frío le recorriera la frente. Las tres de la madrugada; 03:00 a.m.
Se incorporó, sin preocuparse de los cristales en el suelo y pegó la cara a la ventana, sabiéndose oculto en la oscuridad. La luz se encendía solo en la habitación más próxima a la cara oeste del edificio, era una luz tenue, incandescente, de lámpara antigua, amarillenta. Quedó inmóvil en esa posición los diez minutos que sabía iba a permanecer la luz encendida, y transcurrido ese tiempo, con el mismo parpadeo eléctrico de todas las noches, la luz se apagó.
(Continuará)
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